Cada año, la llegada de marzo trae consigo uno de los momentos más esperados por la gran familia de la RSE Cabanyal: la celebración de las Fallas. Una tradición que no solo se mantiene viva, sino que se reinventa en nuestro hogar provisional en Riba-Roja, gracias a la participación de los chicos y chicas, el equipo educativo, auxiliares, el equipo técnico y la dirección del centro. A lo largo de los años, se refleja un espíritu común: la convivencia en armonía, la unión del grupo y la fuerza simbólica del fuego como transformación compartida.
En la edición más reciente, la construcción del monumento fallero volvió a convertirse en el eje creativo y comunitario de la celebración. Las chicas y chicos escogieron un tema que les representara como grupo: una alegoría de los juegos de mesa, aquellos con los que convivimos y disfrutamos a diario en el tiempo de ocio. La figura central del monumento era una alegato de todos aquellos juegos que compartimos y nos acompañan día a día simbolizando la multiculturalidad y la importancia del derecho a la convivencia y al respeto mutuo; y los ninots recreaban a toda la familia del Cabanyal jugando a cada uno de ellos,.
Las actividades del mes fallero, como en años anteriores, actuaron como un puente para fortalecer lazos y preparar la gran fiesta. Desde la elaboración del monumento, así como de la decoración de nuestro hogar, pasando por la preparación de los estandartes y bandas que adornarían a nuestra Fallera Major y nuestro Presidente elegidos popularmente; que posteriormente realizaron la “Crida” animando a todos y todas a vivir estas fiestas conjuntamente, reforzando el valor de compartir, dialogar y construir grupo. El día grande comenzó como es tradición, con la plantà del monumento con el esfuerzo de todos los jóvenes (y con la sorpresa de que toda la familia del Cabanyal formábamos parte de este en versión “ninots”).
Acompañadas de música, Mila y Álvaro comenzaron la lectura de les “albaes” (tradicionalmente dedicadas por nuestras poetisas del equipo técnico) y con la entrega de insignias y el recuerdo de nuestro ninot, dando paso al posterior y animado pasacalle, culminado con la merienda: “chocolatá” con churros y el ya tradicional lanzamiento de petardos que llenaron nuestra calle de ruido, emoción y ambiente festivo.
Una vez la calle se oscureció, dimos paso a la cremá de nuestro monumento, siendo testigos en familia de como las llamas reducían a cenizas lo realizado y conseguido con el esfuerzo y el trabajo común.
La jornada continuó con otro de los momentos más característicos: las paellas, cocinadas por nuestros jóvenes junto a sus educadores. Para ganar los ingredientes, cada equipo participó en una gincana con diferentes pruebas que fomentaban la colaboración y la creatividad, consiguiendo además de los ingredientes para la propia paella una buena dosis de risas y diversión. Después de todo vino el colofón a la jornada festiva con la cena de todos los participantes, degustando las excelentes paellas elaboradas este año.
Hurgando en los archivos históricos de nuestro hogar nos damos cuenta de que esta actividad ha sido un gran ejemplo de cómo hemos evolucionado como grupo, y cómo hemos sabido adaptarnos a las diferentes circunstancias y a los momentos históricos que nos ha tocado vivir, manteniendo viva la esencia de la fiesta cada año, e integrando todo aquello que nos iba pasando al monumento que serviría para quemar todo aquello que queríamos superar, y evocar todo aquello que deseábamos conseguir.
Las Fallas en el Cabanyal no son solo una fiesta: son un momento de encuentro, crecimiento y celebración colectiva. Son una jornada —y varias semanas de preparación— donde la convivencia se convierte en la protagonista absoluta. Donde chicos, chicas, educadores, educadoras, equipo técnico y dirección se unen para mantener viva una tradición que construye grupo y nos une en la celebración y en la pertenencia. El monumento acaba siendo el reflejo perfecto de lo que somos: una comunidad diversa, unida y en constante transformación, que encuentra en el fuego no un final, sino un nuevo comienzo.
Solo queda agradecer a todas las integrantes de este grupo que han aportado su granito de arena en la elaboración de las múltiples actividades, a las que os coordinasteis para la organización de las mismas y a todas aquellas que acudisteis para vivir juntas la jornada festiva. Por un año más, y con el próximo ya en preparación… A per les próximes falles del Cabanyal!!!