Raúl es un joven atendido por Fundación Amigó a través de una medida judicial en medio abierto. Durante su proceso, ha encontrado un espacio donde poder hablar con confianza, reflexionar sobre su situación y trabajar aspectos clave de su vida. “Lo que más me ha gustado ha sido charlar, porque me ayuda mucho a desahogarme”, explica, destacando la importancia de sentirse escuchado y acompañado.
Su experiencia se enmarca en la atención que ofrece el SOAM (Servicio de Orientación y Acompañamiento en Medidas Judiciales), el recurso de Fundación Amigó encargado de la programación y el seguimiento de las Medidas Judiciales en Medio Abierto impuestas por el Juzgado de Menores de Cantabria a jóvenes de Torrelavega y su comarca. Desde este servicio, la entidad acompaña a los y las jóvenes durante el tiempo que marca la sentencia, en coordinación con el Gobierno de Cantabria, a través de la Subdirección de Infancia, Adolescencia y Familia del Instituto Cántabro de Servicios Sociales (ICASS).
El acompañamiento educativo desempeña un papel clave, especialmente en los momentos más difíciles. Raúl subraya la figura de la educadora como un apoyo constante: “Los días que estaba mal, hablábamos y me ayudaba a desahogarme y a estar más tranquilo”. Gracias a este seguimiento, reconoce haber adquirido mayor disciplina, capacidad de concentración y una mirada más madura sobre su vida y sus decisiones.
De cara al futuro, Raúl expresa deseos sencillos y realistas: formar una familia estable, vivir de manera autónoma, rodearse de aquello que le hace bien y dedicarse a lo que le gusta. A otros jóvenes que inician ahora una medida judicial, les lanza un mensaje claro: que no lo vivan como un castigo, sino como una oportunidad para crecer, aprender y “abrir los ojos”.
Historias como la de Raúl reflejan el valor del acompañamiento socioeducativo en medidas judiciales en medio abierto, centrado en la persona y orientado a favorecer procesos de cambio, responsabilidad y adecuada integración social.