Ayana vivió en un hogar de protección de Fundación Amigó durante dos años. Llegó al recurso porque se encontraba en una situación de desprotección y presentaba dificultades en la convivencia familiar: “Tenía problemas de convivencia con mi madre y tenía mal comportamiento en casa”, cuenta la joven.
En el hogar, Ayana convivió con diez niños y niñas menores de 18 años que, como ella, han vivido situaciones de vulnerabilidad: “La relación con mis compañeros/as es muy buena, pero antes me llevaba mal con ellos, porque era muy distante. Actualmente, los veo como si fueran mi propia familia, la que nunca tuve”, confiesa Ayana. El equipo educativo de este tipo de recursos residenciales está disponible 24/7, los 365 días del año para ofrecer a los niños, niñas y adolescentes, una atención integral y un acompañamiento personalizado y centrado en la persona.
“Yo me levantaba por las mañanas, desayunaba, me iba al colegio y, cuando terminaba, volvía al hogar, comía y hacía mis responsabilidades, que consistían en una hora de estudio y la limpieza. Después, me daban la opción de si quería coger el móvil o salir con mis amigas a dar una vuelta”, explica Ayana.
Desde el hogar, el equipo educativo fomenta que los niños y niñas tengan rutinas normalizadas, estudien, practiquen deporte, cursen extraescolares y disfruten de su tiempo libre. Además, los fines de semana, organizan talleres, excursiones y actividades para lograr que los chicos y chicas dispongan de opciones de ocio saludable.
Cuando entró al hogar, Ayana tenía miedo porque no sabía qué le esperaba, pero poco a poco fue ganando confianza: “Al principio pensaba que me iban a tratar mal, pero aquí encontré alegría y gente buena con la que me podía comunicar”, explica. Con el equipo educativo, Ayana destaca un trato cercano y amable: “Me ayudan cuando de verdad lo necesito, e incluso cuando no lo necesito están ahí”, confiesa y añade: “Para mí, la Fundación es tener unos referentes a seguir”.
A los chicos y chicas que se encuentren en una situación similar a la de Ayana: “les diría que no tengan ningún miedo, porque este es un sitio donde las personas les van a ayudar mucho cuando lo necesiten”, reconoce.
De mayor, Ayana sueña con seguir estudiando para convertirse en pediatra, quiere seguir aprendiendo y potenciando sus cualidades: “Ahora soy una persona más sincera, honesta y humilde”, concluye.
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