Clara tiene 12 años y vive en uno de nuestros hogares de protección, junto a chicos y chicas que, como ella, han vivido situaciones de vulnerabilidad. En España, esta realidad afecta a 19.977 niños, niñas y adolescentes.
En los hogares, el equipo educativo, conformado por educadores/as sociales, integradores/as sociales y psicólogos/as, entre otros perfiles profesionales, trabaja con chicos y chicas de hasta 18 años, edad en la que deben abandonar el recurso residencial. El objetivo de estos proyectos residenciales es la reintegración familiar, siempre que existan condiciones de seguridad. En los casos en los que esto no sea posible, se trabaja con ellos y ellas de cara a preparar su futura emancipación, que tendrá lugar cuando alcancen la mayoría de edad.
Desde Fundación Amigó, se promueve que los niños, niñas y adolescentes que viven en nuestros hogares, estudien y lleven una vida lo más normalizada posible: “Mi día empieza a las 7:30h, cuando el educador o la educadora que viene la noche anterior me despierta para ir al colegio. A mí, hace falta que me dé dos toques porque nunca me despierto a la primera”, bromea Clara, y continúa explicando su rutina, que se parece a la de cualquier niña de su edad: “Me visto, hago la cama, voy a desayunar, me lavo los dientes y me voy a clase, acompañada por los educadores. Después del colegio, vuelvo a casa, espero a que lleguen los mayores del instituto y comemos todos juntos. Por la tarde hago los deberes y estudio, si tengo exámenes”, relata.
Clara es una niña responsable y comunicativa, que se toma muy en serio su formación. Debido a los cambios vitales constantes y a que siempre le ha faltado ayuda y apoyo en las tareas en casa, en el colegio llegó a desligarse del ritmo de clase. Sin embargo, desde que está en el hogar, ha mejorado mucho: “Se esfuerza y ha conseguido muchos logros en poco tiempo, sintiéndose muy orgullosa de sí misma”, cuenta el equipo educativo. Además, Clara es muy querida por el profesorado y tiene muy buena relación con sus compañeros/as de clase.
Cuando llegó al proyecto, Clara solía mostrarse muy insegura y tenía miedo al rechazo. Además, tendía a negar la figura del educador o educadora, cuestionando las normas y el derecho a implantarlas: “Ha llegado a tener algún roce con algún profesional, pero sabe reconducirse con ayuda, siendo muy consecuente”, explican desde el recurso e insisten en que “el hecho de que sea noble, cariñosa y colaborativa, hace que Clara, en pocos meses, sea una niña muy importante en la casa”.
Desde el hogar, el equipo trabaja para ayudar a Clara a mejorar su amor propio, su autoconcepto y, sobre todo, su autoestima, que es muy baja. “Cuando se enfada y habla mal a los demás, rápidamente se reconduce, siendo muy consciente de que sabe manejar las situaciones de otra manera”, confiesa el equipo, y destaca su capacidad para comunicarse y colaborar con los demás. “El afán de superación es uno de nuestros grandes objetivos con Clara”, reconocen.
Además, el equipo cuenta que el diálogo es la herramienta que mejor funciona con la joven, debido a su gran capacidad de comprensión: “Escuchamos siempre lo que tiene que decir y su enfoque y la resituamos en su discurso, haciéndole ver dónde están las responsabilidades de cada persona y cada rol, con el afán de quitarle peso y sentimiento de culpa”.
Desde el hogar, tratan de fomentar el ocio saludable y que cada niño o niña escoja la actividad extraescolar o el hobby que desee realizar. Lo que más le gusta hacer a Clara es cocinar: “Los viernes, cuando viene la compra, me gusta hacer algún postre en casa, alguna tarta o quizá galletas”, cuenta Clara. El equipo educativo confiesa que a la niña se le da muy bien y que siempre muestra una actitud proactiva: “Pide encarecidamente hacer la cena y, cuando se le dice que puede ayudar a la educadora, insiste en que puede hacerlo ella sola”, explican.
Además, Clara disfruta mucho de escuchar música: “Se sabe todas las canciones que suenan en la radio y, a través del hogar, ha conseguido su altavoz, sus cascos y todo lo que necesita para disfrutar de la música”, cuentan.
Algunos chicos y chicas que se encuentran en recursos residenciales acuden, por las tardes, a centros de día, que son recursos ambulatorios en los que reciben atención profesional especializada y personalizada: “Dos tardes a la semana, acompañamos a Clara a un centro día, donde trabaja su situación e historia de vida, a través de herramientas como el yoga y el mindfulness”, señala el equipo educativo.
Por las tardes, además de cumplir con sus deberes, extraescolares y asistencias a los centros de día, los chicos y chicas del hogar acompañan a los educadores/as a hacer recados, disfrutan de momentos de ocio y hacen videollamadas con sus familiares: “Clara suele realizar videollamadas con sus hermanos pequeños, a los que quiere mucho”, cuentan desde el hogar.
Los fines de semana los chicos y chicas del hogar suelen tener permisos para reencontrarse con sus familias, siempre que sea posible. En el caso de Clara, suele salir a visitar a su abuela materna y a sus tías, con las que mantiene muy buena relación. Cuando permanece en el hogar, la niña “siempre está dispuesta a participar en lo que se organice en casa”, cuentan. Lo que más les gusta hacer es jugar a juegos de mesa, salir en grupo al parque, visitar el centro comercial, ir al cine o a la bolera.
Desde el recurso, el equipo educativo trabaja para que los chicos y chicas generen vínculos positivos dentro y fuera de la casa. Pese a que Clara lleva pocos meses conviviendo, ya se ha ganado el cariño de sus compañeros/as y del equipo educativo: “Es una niña entrañable y cariñosa, que hace muy fácil la convivencia. Se lleva bien con todo el grupo y es muy querida en su colegio. Es divertida y confiada y muestra un carácter muy noble”, explican desde el recurso.
Los niños y niñas que viven en hogares de protección han vivido situaciones complicadas y diversas, pero tienen en común la necesidad de cariño, cuidado, apoyo y oportunidades. Hoy, Clara sueña con un futuro dedicado a ayudar a otros niños y niñas que, como ella, no han tenido una infancia fácil: “Mi sueño es, centrándome en lo más cercano, sacarme la ESO y concentrarme en los estudios. De mayor, quiero ser educadora social y trabajar con niños, en una casa como en la que vivo”, concluye.
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