Alexandro tiene 17 años y, desde los 14, vive en el Hogar Casa de los Muchachos, un recurso de protección de la Fundación Amigó que ofrece acogimiento residencial a niños, niñas y adolescentes entre 9 y 18 años, que se encuentran en situación de vulnerabilidad. El sistema de protección interviene cuando los chicos y chicas se encuentran en situaciones de riesgo, normalmente porque sus padres o familias de origen no pueden garantizar su bienestar.
Antes de vivir en el hogar, Alexandro pasó por diferentes recursos ambulatorios de la Fundación, como el Servicio de Orientación y Ayuda al Menor (SOAM) de Torrelavega, que promueve actividades de ocio saludable para niños, niñas y adolescentes: “Primero me apuntaron en el SOAM del barrio Covadonga, empecé a ir por las tardes a estudiar, luego dejé de asistir y me derivaron al Centro de Día, al que también acudía después del instituto. Hasta ahora, que estoy en el hogar conviviendo con el resto de compañeros”, cuenta Alexandro.
En el hogar, Alexandro compagina su día a día con sus prácticas formativas, lo que le exige organización y compromiso: “Me suelo levantar con tiempo para desayunar, después hago la cama, limpio y ordeno la habitación. También hago la tarea que tenga asignada, que puede ser poner la lavadora, fregar o lo que sea”, explica.
Desde el proyecto, se fomenta que los y las jóvenes estudien, practiquen deporte, disfruten de momentos de ocio saludable y lleven una rutina lo más normalizada posible: “Por las tardes tenemos una hora y media de estudio junto con los educadores. Después, merendamos y tenemos tiempo libre para hacer actividades, como jugar al fútbol o a juegos de mesa. Además, los que tienen extraescolares van y vuelven”, detalla.
En el hogar se promueve que los chicos y chicas construyan vínculos dentro y fuera del mismo y, para lograrlo, la convivencia positiva entre compañeros/a y también con el equipo educativo resulta fundamental: “Durante la cena nos juntamos todos. Luego, el que le toque fregar, friega. Después vemos todos juntos la televisión durante un rato. Los pequeños se van antes a dormir y, por último, nos vamos los mayores”, expone Alexandro.
El equipo educativo, formado por 8 profesionales, realiza una intervención pedagógica orientada a la reunificación familiar, siempre que existan condiciones de seguridad para los niños, niñas y adolescentes. En los casos en los que no sea posible, trabajan para acompañar a los y las menores en su transición a la vida adulta.
Alexandro confiesa que su relación con el equipo educativo es muy buena, pero que su visión sobre ellos/as cambió con el tiempo: “La relación con los educadores es muy buena, tengo confianza con ellos. Me apoyan mucho. Al principio pensaba que nos querían fastidiar, pero luego me paro a pensar y, si no llega a ser por ellos, yo no tendría la cabeza tan amueblada como la tengo ahora”, reconoce.
Aunque para Alexandro sus primeros días en el Hogar fueron difíciles debido al proceso de adaptación, hoy se siente en casa: “Cuando entré pensé: esta no es mi casa. Pero ahora sí que la veo como mi casa, paso muchas horas con la gente y para mí esto es como una segunda familia. Los educadores son como si fuesen mis padres: me cuidan y me enseñan. Aquí me siento a gusto”, confiesa.
Esta experiencia ha sido clave para su madurez y autoconocimiento: “En el hogar he conseguido desarrollar muchas habilidades. Ahora soy menos impulsivo, sé controlar mejor mis emociones y sé que esto me sirve para mi futuro. También he aprendido a trabajar la constancia; que si quieres una cosa tienes que ir a por ella”, afirma Alexandro.
A otros jóvenes en su situación, Alexandro les animaría a perseverar: “Si quieres algo, ve a por ello. Lo que a mí me ha servido es centrarme en qué he podido hacer y qué puedo hacer”. A sus 17 años, Alexandro reconoce que todavía le queda mucho por aprender, pero tiene sus metas claras y el apoyo de Fundación Amigó para ayudarle a alcanzarlas: “Quiero tener mi trabajo y formar mi familia. También hago música y me gustaría seguir con ello, porque desde el hogar también me están apoyando”.
* Este video fue grabado cuando Alexandro tenía 17 años. Actualmente el joven ya ha alcanzado la mayoría de edad.