Carlos tiene 17 años y vive en un hogar de protección de Fundación Amigó desde hace 4 años. Llegó al recurso cuando solo tenía 13 años, por encontrarse en situación de desprotección familiar.
El sistema de protección actúa para salvaguardar a la infancia y la adolescencia en contextos de vulnerabilidad, con el objetivo de ofrecerles un entorno seguro y garantizar su bienestar. La mayoría de los niños y niñas acceden a estos recursos debido a situaciones de negligencia, maltrato, abandono o la incapacidad de sus progenitores para cubrir sus necesidades básicas.
Los hogares son recursos de acogimiento residencial donde se promueve que los chicos y chicas estudien, hagan extraescolares y tengan una vida cotidiana lo más normalizada posible. Para ello, se impulsa su participación en la vida comunitaria, la práctica deportiva y la creación de vínculos afectivos dentro y fuera del hogar. En España, hay 19.977 niños, niñas y jóvenes que viven en hogares de protección, según datos del último Boletín de datos estadísticos de medidas de protección a la infancia y la adolescencia.
Carlos disfruta al realizar actividades físicas que le permitan sentirse integrado, partícipe y protagonista. Además, el chico propone activamente mejoras en los talleres y muestra un sólido sentido de pertenencia al grupo. “Con mis compañeros me llevo genial, he aprendido a convivir y compartir con ellos”, confiesa. Entre semana, el chico lleva una sigue una rutina: “Por las mañanas, me despierto a las 7:30h, me aseo y luego desayuno. Después me lavo los dientes, hago mis tareas y a las 8:00h empiezo a estudiar. Durante el día también tenemos momentos de ocio y talleres”, explica. En su tiempo libre, al igual que otros adolescentes, disfruta viendo series, películas, jugando a la consola, consumiendo redes sociales y realizando sus correspondientes paseos autónomos.
Desde el hogar aseguran que Carlos es alguien con quien sus amistades pueden contar y que se implica mucho cuando se le necesita. Además, el equipo educativo subraya que el chico es muy apreciado por sus compañeros, a pesar de que, debido a su historia vital, presenta ciertas dificultades para relacionarse: “A pesar de que algunas veces Carlos se relaciona con bromas fuera de contexto, el grupo entiende cómo es y las dificultades que tiene al interactuar. Ellos/as valoran que Carlos intenta mejorar cada día”, cuentan.
El equipo educativo trabaja con los niños, niñas y jóvenes de forma individualizada, ofreciéndoles la atención que cada uno/a necesita en diferentes ámbitos, tanto en lo personal, como en lo colectivo y social. En este sentido, el equipo profesional trata de inculcarles valores como la autonomía, la madurez, la reinserción social, la dignidad humana, la solidaridad, la confianza, la honestidad, la responsabilidad y la tolerancia: “La intención es que Carlos sea lo más independiente y autónomo posible, que se sienta protagonista de su vida y que no sienta que es un problema para el resto”, señalan.
Desde los hogares de protección, el objetivo es la reintegración familiar, siempre que existan condiciones de seguridad. Para ello, se desarrolla un trabajo relacional con posibilidad de retorno. Sin embargo, en el caso de Carlos no ha sido posible. Él procede de una familia desestructurada, sin domicilio permanente, y sus padres mantienen conductas destructivas de consumo y no muestran apego hacia sus hijos e hijas. Consecuentemente, desde el proyecto no pueden realizar con ellos acompañamiento físico ni emocional.
Además, Carlos tiene hermanos mayores, con los que no mantiene contacto, ni se presupone desde el recurso que sean buenos referentes, ya que se han mantenido entrevistas con ellos y los informes han sido negativos. Con respecto a sus hermanos menores, también se hallan bajo el sistema de protección y, de vez en cuando, se organizan encuentros, donde Carlos disfruta de pasar tiempo con ellos.
Debido a su experiencia vital y a la falta de apoyo familiar, a Carlos le cuesta mantener objetivos en el tiempo y es propenso a construir una realidad cómoda para que le resulte más fácil poder relacionarse con sus iguales adultos. Desde el hogar confiesan que, en todos los recursos académicos que ha cursado no ha tenido continuidad: “Aunque ha destacado positivamente en formaciones prelaborales, su impulsividad le ha llevado a no finalizarlas”, exponen.
El equipo educativo insiste en que, pese a que tiene dificultades para reconocer y asumir su realidad, el joven ha mejorado mucho, entendiendo de dónde partía, especialmente en su capacidad de reflexión y en el control de la impulsividad: “También ha mejorado poco a poco en hábitos de imagen e higiene personales y en el respeto de espacios comunes”, añaden e insisten en que: “bajo guía y supervisión, Carlos mantiene el esfuerzo y trabajo, cumpliendo los objetivos, algo que no ocurre cuando no se siente apoyado”.
Como en el caso de Carlos no es posible lograr la reintegración familiar, el enfoque del trabajo se ha desplazado hacia el acompañamiento integral del chico y la preparación para su emancipación. La realidad es que el joven cumplirá 18 años en unos meses y deberá abandonar el hogar de protección que, durante años, ha sido su casa. Desde el proyecto están trabajando para proporcionarle las herramientas necesarias para que logre una digna transición a la vida adulta. “Estamos trabajando en preparar su salida del hogar y su emancipación, a través de la búsqueda de empleo, la obtención del carnet de conducir y su participación activa en talleres y proyectos”, afirman.
En España, en el último año 5.822 chicos y chicas alcanzaron la mayoría de edad y salieron del sistema de protección, pasando a ser jóvenes extutelados/as, según datos del último Boletín de datos estadísticos de medidas de protección a la infancia y la adolescencia. La llegada de la mayoría de edad supone, para muchos de ellos/as, enfrentar este nuevo periodo sin contar con la madurez, los recursos socioeconómicos y el apoyo familiar necesario para lograr una transición a la vida adulta con garantías.
En estos casos, Fundación Amigó pone a disposición de estos/as jóvenes el Proyecto de Acompañamiento a la Emancipación (PAE), un recurso de apoyo integral a una vida autónoma para jóvenes en situación de vulnerabilidad, donde se les ofrece apoyo residencial y se realiza un seguimiento personalizado y un acompañamiento, orientado a fomentar su autonomía personal, social y laboral y asegurar su pleno desarrollo en la sociedad. El PAE se lleva a cabo en Madrid, Valencia, Alicante, Castellón, Torrelavega, Gandía, Torrent, Euskadi y A Coruña y el año pasado atendió a 119 jóvenes.
En el caso de Carlos, todavía le quedan unos meses en el hogar, y el equipo educativo pone todo su esfuerzo para ayudarlo a comprender sus circunstancias y a desarrollar habilidades para establecer vínculos positivos. En los últimos meses, el adolescente ha mantenido contacto con su abuela paterna, sus tías y sus primas, que muestran interés y se preocupan por el chico. En este sentido, se realizan visitas supervisadas con esta parte de la familia, con el objetivo de lograr que Carlos tenga un punto de apoyo familiar de cara a su emancipación. “Carlos disfruta de los encuentros familiares con sus hermanos menores y también confiesa estar feliz con las visitas que organizamos con su abuela y sus primas”, explica el equipo educativo.
Pese a los avances, la llegada de la mayoría de edad supone un punto de inflexión en la vida de Carlos, quien se muestra más agitado últimamente: “Es cierto que actualmente está algo asustado, porque da vértigo pensar que cuando cumpla 18 años estará mucho más expuesto en su toma de decisiones. Además, no cuenta con referentes ni apegos seguros”, valora el equipo profesional.
Carlos asume que afronta el proceso de emancipación con incertidumbre: “A veces no sé cómo funcionan algunas cosas y no pido ayuda. Tampoco me dejo ayudar”, confiesa. Al preguntarle por su relación con los y las profesionales del proyecto, Carlos reconoce que mantienen una muy buena relación con ellos y ellas y cuenta, en tono adolescente, que “a veces son un poco pesados porque están encima nuestra y porque se preocupan mucho por nosotros”.
El equipo educativo insiste en que, pese a que Carlos intenta mostrar una coraza en algunas ocasiones, esta se desmonta cuando hablan con él y el chico siente que le están acompañándolo en su proceso educativo y vital. Y añaden que Carlos es muy afectivo con ellos/as y que lo demuestra diariamente. “Son muchos años donde nos hemos dado a conocer. Sabe – y suele verbalizarlo- que nos preocupamos por él y él por nosotros/as”.
En esta etapa de transición, Carlos se esfuerza por obtener el carnet de conducir y se encuentra en la búsqueda activa de empleo. Aunque todavía desconoce su vocación profesional, desde Fundación Amigó le animamos a perseguir sus objetivos y le deseamos que pueda construir un futuro basado en la dignidad y la autonomía que todo/a joven merece.
Si puedes, hazte socio/a ahora.