Verónica y su hija Lucía forman parte de Proyecto Conviviendo de la Fundación Amigó desde hace más de un año. Su historia comenzó cuando la adolescencia transformó la dinámica del hogar, dejando a Verónica sin herramientas para gestionar el cambio de temperamento de su hija mayor.
Para Verónica, madre de cuatro hijos, enfrentarse por primera vez a esta etapa vital fue un reto inesperado. “Durante la adolescencia, mi hija empezó a desarrollar conductas de agresividad, desobediencia y aislamiento”, explica. A pesar de su voluntad, la comunicación se volvió muy difícil: “Amo a mi hija y aquella era la primera vez en la que no sabía cómo comunicarme con ella, por más que lo intentaba”.
La situación se volvió crítica tras una mudanza que implicó, además, un cambio de país. El punto de inflexión llegó en el entorno escolar; Lucía decidió compartir su malestar con la orientadora del colegio, quien contactó de inmediato con Verónica. Lejos de ponerse a la defensiva, la madre se implicó desde el primer minuto, consciente de que necesitaban ayuda especializada. Así fue como llegaron a Proyecto Conviviendo.
Proyecto Conviviendo es un servicio gratuito de la Fundación Amigó que opera en Madrid, Galicia, País Vasco, Cantabria y la Comunidad Valenciana. El objetivo del recurso es la resolución positiva de conflictos familiares mediante una propuesta socioeducativa y terapéutica, especialmente diseñada para familias en situaciones de riesgo o exclusión.
La intervención con la familia de Verónica es integral, trabajando de forma individual con madre e hija, y realizando sesiones conjuntas con el resto del núcleo familiar. “Incluso ha venido mi pareja y poco a poco hemos desarrollado técnicas maravillosas”, comenta Verónica, quien se sorprendió, en un inicio, por el alcance de la terapia: “Llegué a pensar que el proyecto más que para la niña era para ayudarme a mí”.
Uno de los puntos clave para el éxito del proceso ha sido la conexión con el equipo educativo. Verónica destaca la asertividad y la capacidad del equipo para acercarse a las personas:
“Las educadoras son muy profesionales, muy buenas y asertivas. Siempre tienen la palabra correcta para hacerme entender, porque yo soy muy racional, si no me das algo que sea razonable, yo lo debato, sin embargo ellas siempre saben cómo ayudarme”.
La eficacia de estas herramientas ha trascendido las paredes del hogar. Verónica admite que aplica lo aprendido en su entorno laboral y también con sus hermanas: “Son técnicas que practico mucho porque veo que funcionan. Las empleo incluso en el trabajo”.
Hoy, la relación entre madre e hija está mucho mejor. Para Verónica, la mayor lección ha sido el viaje hacia su propia infancia para entender mejor la de sus hijos. Recomienda este recurso a cualquier familia que esté pasando por una crisis similar, resumiendo su experiencia así:
“Aquí he aprendido a maternizar la empatía porque gracias al proyecto he podido reconectar de nuevo con mi infancia para comprender mejor a mis hijos y poder ser mejor con ellos”.
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