Laura tiene 17 años y vive en un hogar de protección de Fundación Amigó desde hace dos meses. Su llegada al recurso fue consecuencia de una situación familiar que comprometía su bienestar y su integridad.
“Laura vivía con su madre, que no se hacía cargo de sus necesidades básicas, tales como llevar una alimentación adecuada, mantener la casa en condiciones óptimas de salubridad o asegurar una buena higiene personal para la joven”, explica el equipo educativo.
A esta falta de cuidados se sumó un entorno de riesgo. Laura sufrió un episodio de malos tratos por parte de una expareja y su progenitora no adoptó medidas para protegerla. La situación familiar de la adolescente no era adecuada para su desarrollo y, por esta razón, fue derivada a un hogar de protección. En nuestro hogar, Laura recibe atención integral y acompañamiento las 24 horas del día y los 365 días del año, con el fin de garantizar su protección, educación y desarrollo.
A día de hoy, Laura no mantiene relación con su madre ni tampoco con ningún familiar. Durante mucho tiempo, ante la ausencia de una figura adulta de referencia, fue ella quien establecía sus propias normas, rutinas y límites. Esta situación se tradujo en un alto absentismo escolar y en el descuido de sus propias necesidades básicas.
Con su llegada al recurso de protección hace apenas ocho semanas, Laura tuvo que adaptarse a una nueva realidad y asumir una rutina estructurada y diseñada para prepararla para la vida adulta. “Al principio, Laura se encontraba más insegura y distante ya que estaba conociendo el entorno, pero en la actualidad está integrada y contenta. “Aquí se siente cómoda, con confianza y percibiendo un vínculo y una atención que nunca había tenido en casa”, explica el equipo del hogar.
Entre semana, Laura estudia, hace deporte y sigue una rutina diaria como la de cualquier adolescente de su edad. Por las mañanas, estudia un curso de Monitora de Ocio y Tiempo Libre y acude todos los días contenta: “Por el momento no ha obtenido el graduado escolar, pero se está formando para adquirir un certificado de profesionalidad y le está yendo muy bien”, explica el equipo educativo.
Por las tardes, Laura asiste al centro de día al que lleva yendo desde que era pequeña, un recurso también de Fundación Amigó, que ha sido un pilar en su trayectoria, ya que el equipo educativo la ha acompañado en los momentos más difíciles de su vida. “El trato con el equipo educativo, tanto en el hogar como en el centro es muy bueno, porque siempre me escuchan y me ayudan en todo lo que necesito”, cuenta Laura.
Con una historia vital como la suya, Laura tiene dificultades para pedir ayuda. Por eso, desde el hogar se trabaja para reforzar su confianza y acompañarla en la adquisición de autonomía, de modo que pueda desenvolverse con seguridad en la vida adulta. En el centro, los chicos y chicas realizan tareas diarias tales como poner la lavadora, hacer la cama, poner y recoger la mesa, limpiar, fregar o cambiar las sábanas y aprenden a hacerse responsables de sí mismos:
“Los lunes me levanto, hago la cama, me arreglo y voy a desayunar con algunos de mis compañeros. Luego friego y me lavo los dientes, término de arreglarme, me voy a coger el transporte público para ir a realizar el curso. Cuando termino, vuelvo a coger el transporte correspondiente, dejo mis cosas en su lugar y como. Después, me lavo los dientes y asisto a una asamblea semanal, donde merendamos, nos vamos un rato a correr y luego hacemos estudio y duchas. Nos dejan un rato para estar con el móvil, después me organizo todas las cosas para el día siguiente. Luego ponemos la mesa, cenamos, hacemos las tareas que toquen, vemos la tele un ratito y a dormir”, explica Laura.
En su tiempo libre, a Laura le encanta escuchar música y ver series. Aprovecha las salidas autónomas que le corresponden el fin de semana para ver a sus amigas y pasar tiempo con su novio. Como la mayoría de adolescentes de su edad, le gusta mucho la ropa y disfruta maquillándose: “Me gusta descansar después de toda la rutina de toda la semana, estar con mi novio, maquillarme, salir con mis amigas a dar una vuelta o estar tranquilas tomando algo en alguna terraza”, cuenta Laura.
Durante el fin de semana, en el hogar organizan talleres, juegos y excursiones y el equipo reconoce que Laura se ha integrado muy rápido en las tareas grupales: “Es una chica extrovertida, presenta bastante facilidad a la hora de relacionarse con los demás y además se comunica de forma asertiva”, explican los educadores. Pero, más allá de los avances visibles, el cambio más profundo es emocional: Por primera vez, Laura siente el calor y la atención de un hogar.
Fundación Amigó atiende a 339 jóvenes como Laura, a través de 19 proyectos distribuidos en Barcelona, Guadalajara, Madrid, Valencia, Alicante, Castellón, Vizcaya, Navarra y Cantabria. También a nivel internacional, la Fundación cuenta con un recurso de protección en Polonia. Desde estos proyectos se cubren las necesidades de niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad. Además, desde los servicios sociales se trabaja con las familias para conseguir la reunificación familiar, en caso de no ser posible, el acogimiento familiar y, de no ser posible ninguna de las opciones anteriores, se prepara a los y las jóvenes para la vida adulta.
“En menos de cinco meses saldrá del hogar, por eso, todos los esfuerzos van enfocados a conseguir un piso de emancipación, formarse y buscar empleo, por si no consigue un piso de emancipación tener posibilidades de alquilar un piso”, explica el equipo educativo.
Para casos como el suyo, Fundación Amigó pone en marcha el Proyecto de Acompañamiento a la Emancipación (PAE), un recurso de apoyo a una vida autónoma para jóvenes en riesgo, que responde a las necesidades de acompañamiento y orientación de chicos y chicas que, como Laura, se encuentren en situación de vulnerabilidad. El proyecto aspira a facilitar su transición a la vida adulta y fomentar su autonomía personal, social y laboral y ofrece a los jóvenes apoyo integral, incluyendo vivienda, orientación laboral y formación. El PAE se lleva a cabo en Madrid, Valencia, Alicante, Castellón, Torrelavega y A Coruña y el año pasado atendió a 119 jóvenes.
El equipo educativo del hogar está volcado en que Laura logre enfrentarse sola a su vida adulta cuando cumpla la mayoría de edad: “Desde el hogar, intentamos trabajar su realidad vital para que cuando cumpla la mayoría de edad sea capaz de ser autónoma y autosuficiente. Laura presenta facilidad para ello ya que ha sabido encargarse de sí misma durante mucho tiempo”.
La joven reconoce que el proceso de preparación para la vida adulta no es fácil y que, al principio, le costó asumir su situación: “Poco a poco me he ido acostumbrando porque no me queda otra. Debo desarrollar hábitos para afrontar sola mi futuro. Estoy aprendiendo a hacer cosas que antes no sabía hacer por mí misma”, señala. El equipo educativo señala que Laura es consciente de que debe dejar la adolescencia a un lado y trabajar por tener las máximas posibilidades cuando cumpla la mayoría de edad y se enfrente sola a la vida adulta: “Aquí se siente cómoda, con confianza y percibiendo un vínculo y una atención que nunca había tenido en casa” insiste el equipo.
En poco tiempo, la joven ha adquirido la autonomía suficiente para desenvolverse en la gestión de trámites necesarios y en el desarrollo de las habilidades básicas de la vida diaria: “Laura es una chica sociable, comunicativa, autónoma y estructurada que sabe seguir una rutina sin ningún problema”, explica el equipo educativo.
A pesar de las dificultades vividas, Laura mira hacia adelante con ilusión. Sueña con viajar por el mundo, conocer culturas diferentes y descubrir paisajes. Desde pequeña, tiene claro que le gustaría dedicarse a la integración o a la educación social: “Me gustaría ayudar a la gente. Es un ámbito que siempre me ha llamado la atención porque he visto cómo es por dentro, más allá de lo que se ve desde fuera”, cuenta.
Paso a paso, Laura comienza a construir no una rutina, sino un proyecto de vida propio, basado en sueños que, desde Fundación Amigó, esperamos que logre alcanzar.
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